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Un barra brava no puede acallar la libertad de expresión

Gennaro De Tommaso ('Genny 'a carogna') durante la finale di Coppa Italia tra Fiorentina e Napoli allo stadio Olimpico di Roma, 4 maggio 2014. ANSA/ETTORE FERRARI

Después de “cumplir el objetivo” del equipo mexicano en una copa que se ha considerado una “obligación” para los verdes, ha seguido la polémica con su director técnico (El Piojo Herrera), el cual cavo su propia tumba con sus acciones fuera del campo. Llegó ese día en que literalmente explotó  “esa granada en la mano” a la que se refería el comentarista y periodista Cristian Martinolli. Una agresión basto para echarse encima a una gran parte de la opinión pública del país.

El trasfondo de lo sucedido me lleva a pensar en que más allá de su salida como director técnico de la selección nacional, hay algo más profundo en esto, es decir, México vive sumido en una violencia irracional que ha rebasado a los gobiernos de turno. Este clima ha comenzado a ser una cotidianidad que parece estacionarse en la realidad mexicana y que inunda los medios nacionales y las vidas de miles de mexicanos. Y entonces el deporte que más se sigue a nivel nacional y mundial, ha abrevado de estas aguas turbulentas y en los actos de uno de sus actores principales, ha dejado claro no sólo su intolerancia y su agresividad explosiva: sino su allanamiento a la libertad de expresión.

Pensemos entonces en lo ocurrido en Francia hace algunos meses, cuando presuntos integrantes del estado islámico arremetieron contra las oficinas del periódico satírico Charlie Hebdo, quienes hacían portadas en las que aparecía Mahoma y otras deidades, pero fueron fieles al islam, los que decidieron un atentado que dejó 12 muertos y algunos otros heridos, lo que movilizó no sólo a la sociedad francesa y europea, sino a la misma clase política de diferentes países.

Acá los periodistas arroparon a quien, haya sido satírico o mal hablado, ofrecía las críticas que compartían no sólo otros periodistas, sino parte de la gente aficionada a este deporte, y creo que llevar el debate a las supuestas ofensas a la familia de Miguel Herrera o a las maneras de narrar de Martinolli es mezquino. En este caso no hubo muertos, pero si hubo una afrenta no sólo a la integridad física de una persona, sino que a una de las profesiones que en México siguen siendo una causa de muerte con tasas altas (con 100 asesinatos en los últimos 15 años).

Al final, el ex técnico nacional, fue derrotado por su propia torpeza violenta y el escrutinio de la familia deportiva, además de la social, que se volcó a las redes y no perdonan esa conducta, quizá le habrían perdonado no ganar la Copa Oro, pero hoy más que nunca las redes son un espacio que permite de primera mano una lectura clara: más allá del gusto o no por Martinolli, la libre expresión es un derecho inalienable y que es cada vez más defendido.

Miguel ofreció una carta, en donde agradece a los que le dieron de comer todo este tiempo, y se disculpa con la gente, vaya gesto, sólo que se le olvido algo: pedir una disculpa a Cristian Martinolli, pero no, su rabia y su violencia están ahí, aguardando quizá, volver a explotar.

Iván Lopéz

Sociólogo LaMarcaLab

 

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