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¿Voy a la escuela, o me quedo en casa?

Por Alan Vázquez

 

 

Hay una frase de Albert Einstein que me encanta: “Todos somos genios. Pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil”. Esto describe muy bien cómo en los diferentes ámbitos de nuestra vida hemos actuado de la misma manera, independientemente de la labor que realizamos: Hay oficinas llenas de personas encargadas de diferentes actividades tratando de comportarse y vestir de la misma manera, salones llenos de alumnos con diferentes maneras de aprender, pero educados con el mismo método de enseñanza con el fin de terminar un ciclo para entrar a otro con las mismas características.

Los tiempos que estamos viviendo están cambiando, ahora las escuelas y las empresas se enfrentan a diario con nuevos estudiantes y trabajadores que exigen no estar físicamente presentes por un número determinado de horas, unos memorizando libros y textos sin una razón con la que se puedan identificar, y los otros, trabajando 8 horas o más en un lugar específico bajo un sistema que ya se dieron cuenta de que puede ser más eficiente, tratando de mejorarlo y siendo minimizados por jefes que no están abiertos a recibir propuestas.

Ahora vivimos en una era en que personas que no pasaron por la universidad y aprendieron a través de la experiencia y las redes sociales son volteadas a ver por las empresas, que más que buscar egresados de una escuela de renombre buscan habilidades, aptitudes y actitud ante la marca en la que se desempeñarán, personas que con tutoriales sumados a su habilidad para tomar lo mejor de la información, pueden destacar en oficios o profesiones que a otras personas les puede tomar más de 5 años de preparación.

De acuerdo con la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI), la población de internautas en México en 2016, que era de 65 millones de mexicanos, destinó el 25% de su tiempo a tomar cursos en línea, y estima el aumento de esta cifra en 2017 en 12%.

Empresas como Aprende.org de la Fundación Carlos Slim han visto esta oportunidad y ponen al alcance de los interesados cursos con los que se puede aprender materias como matemáticas o español, crear videoblogs, o incluso oficios al completar un diplomado en línea.

Ante estos cambios generados por personas que están aprovechando lo mejor de la web, las redes sociales y la gente a su alrededor, más que solamente contar con lo último en tecnología física o web las escuelas deben de tener la capacidad de ofrecer valor en tiempos cortos tanto en los contenidos de cada hora que estas nuevas generaciones estarán dispuestas a invertir en sus aulas, como en experiencias continuas que las diferencien y las vuelvan más atractivas que la comodidad de aprender a través de una computadora o dispositivo móvil.

 

 

Fotografía por Sidney Perry

 

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