¿Cuándo fue la última vez que compraste una artesanía?, ¿presionaste al artesano con el precio de venta o regateaste?

Regatear o negociar el precio es un hábito que puede dañar a los creadores artesanos. El desafío de este proyecto fue lograrlos sacar de la calle como su punto de venta, pasamos de una exhibición pobre con su producto en el piso a resignificar sus esfuerzos, sus horas de trabajo y su creatividad. Recientemente hemos logrado organizar y revitalizar a un grupo de diferentes artesanos del país para que, con un programa diseñado para estimular las mejores prácticas de negocios, puedan darle el valor monetario correspondiente a su trabajo, en el precio y el valor que aportan a las vidas de quienes les compran. Se analizaron los mercados y se abordaron con ellos temas desde costos y fijación de precios hasta estrategias para combatir la pobreza en sus regiones de origen y hoy son una empresa formalmente constituida, propietaria de una marca registrada. Uno de los mayores logros fue que hicieran un equipo y velaran por los intereses del grupo y no solo los de ellos mismos.  Logramos que se levantaran del piso en ubicaciones donde les regateaban cada peso posible y ahora tienen puntos de venta en lugares especializados, donde estando de pie miran de frente a sus clientes; además, hoy ya están iniciando con la venta en línea de su marca. Una marca puede lograr, con su reputación y significado emocional, levantar la rentabilidad de la empresa y con eso tener la posibilidad de combatir la pobreza de los artistas que con sus manos logran productos únicos, relevantes e inspiradores. 

La marca construida desde los valores percibidos y deseados de las personas puede ser el vehículo que te permita llegar a la autopista de la rentabilidad. Aplica también en el marketing social.